
Mis ojos embarcaron en los tuyos aquella tarde de rutinarios cafés y señoras con bolsas del antiguo Alcampo, la luna o que se yo vi en tu cara de rebelde y yo tan selenita provoqué el encuentro a base de ofrecer porros y posteriores bebidas en mi casa.
Me follaste en una cama constelada de chinches, nunca olvidaré tu sonrisa, tu natural radicalidad, tu coño como la selva esa de Alemania.
1 comentario:
Ay, selenita, qué clase tienes.
Besazo
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