
Nada espero de sus bocas
que son fauces,
que han aprendido
a sonreir y no morder
para luego morder
y volver a sonreir.
Nada espero
de la propiedad privada,
ni de los juicios,
ni de los modos,
me voy autodestruyendo
pero no de golpe
para disfrutar
al menos un ratito
de las estrellas.
que son fauces,
que han aprendido
a sonreir y no morder
para luego morder
y volver a sonreir.
Nada espero
de la propiedad privada,
ni de los juicios,
ni de los modos,
me voy autodestruyendo
pero no de golpe
para disfrutar
al menos un ratito
de las estrellas.